
Según la teoría malthusiana, mientras la población estaba aumentando en progresión geométrica, la producción de alimentos lo hacía sólo de manera aritmética y, por esa razón, se debía interrumpir el ritmo del crecimiento demográfico a través de la llegada al mundo de menos hijos. De lo contrario, el economista vaticinaba graves conflictos a futuro, como guerras, epidemias y una situación insostenible a nivel global
Dos siglos después, la cuestión propone un debate idéntico, pero desde una perspectiva nueva: la urgencia. ¿Es la superpoblación la clave para explicar la destrucción del planeta? Esa pregunta se ha transformado en la del millón para las organizaciones ecológicas, y genera las mil y una respuestas, algunas muy severas –quienes dicen que habría que reducir considerablemente la cantidad de hijos por parejas– y otras extremas, quienes conminan a abandonar la reproducción humana. “Estamos pidiendo de forma voluntaria a todas las parejas que piensen acerca del impacto que el tamaño de sus familias tendrá sobre el medio ambiente. Y esperamos que aquellos que vean el crecimiento poblacional como un problema decidan no tener más de dos, o tal vez sólo uno, para ayudar a estabilizar la población mundial –plantea Rosamund McDougall, directora de Optimum Population Trust, una organización británica creada en 1991 para reducir la población a través de la iniciativa Stop at two, una cruzada que alienta a “parar de procrear” al segundo hijo–. Nos parece extremo sugerirle a una persona que no tenga ningún hijo, sería muy triste. Yo creo que, además, no es necesario y, de hecho, ¡generaría la extinción de la especie humana! Pero no veo mal que si algunos individuos realmente no quieren tener hijos propios, decidan no hacerlo o adoptar chicos”, explica McDougall en diálogo con Para Ti.La idea de tener como máximo dos hijos no es nueva: en 1968, el movimiento Zero Population Growth establecía que la población se iría estabilizando si una pareja sólo traía al mundo tantas personas como las de reemplazo. En la práctica, su legado no se cumplió: los adultos comenzaron a superar las expectativas de vida, muchas familias siguieron apostando a los núcleos numerosos y la pobreza y la falta de educación de los países menos favorecidos desestabilizó el ya de por sí débil equilibrio de la balanza de nacimientos. “Ahora bien: aquellos padres que ya tengan dos o más hijos y quieran hacer algo por el planeta también pueden tomar decisiones ‘verdes’. Hay muchas opciones y cosas para hacer, como por ejemplo desarticular el consumismo”, propone la directora de OPT. El reconocido ecologista norteamericano John Feeney, impulsor de la campaña Global Population Speakout, una convocatoria para discutir públicamente el tema de la superpoblación, advierte: “Nuestro crecimiento demográfico e impacto descontrolado sobre el ambiente natural nos está llevando inexorablemente hacia calamidades de magnitudes impensables. Y están de acuerdo en la necesidad urgente de abordar el tema poblacional. Nos estamos enfrentando a graves problemas por la escasez de recursos y no somos capaces de desarrollar fuentes de energía renovables lo suficientemente rápido como para hacerle frente a esa situación”, sostiene. Para Feeney, el tamaño y el crecimiento de la población son la causa fundamental de todos los problemas ecológicos. “Estamos creciendo y propagándonos hacia nuevas zonas, alterando el hábitat de la fauna y la flora. Por eso, tener o no hijos o ver cuántos debe ser parte de una discusión global. La planificación de la familia forma parte de los recursos más amplia y fácilmente disponibles. Tenemos que educar a mujeres y niñas al respecto y enseñarles que tienen más opciones sociales que la de convertirse en madres”, responde y su planteo ya ganó un foro especial en el portal en la cadena BBC Mundo, en donde eleva voces a favor y en contra.
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